Durante este tiempo litúrgico la Iglesia celebra la alegría que ningún sufrimiento ni pena pueden borrar, porque es un gozo que brota de la certeza de que Cristo, con su muerte y su resurrección, ha triunfado definitivamente sobre el mal y sobre la muerte. «¡Cristo ha resucitado, aleluya!”, canta la Iglesia en fiesta.  Estos sentimientos se extienden a lo largo de los cincuenta días que van hasta Pentecostés. Más aún, podemos decir que el misterio de la Pascua abarca todo el arco de nuestra existencia. La novedad conmovedora de la resurrección es tan importante que la Iglesia no cesa de proclamarla, prolongando su recuerdo especialmente cada domingo. Cada domingo es «día del Señor» y Pascua semanal del pueblo de Dios. La resurrección de Jesús funda nuestra firme esperanza e ilumina toda nuestra peregrinación terrena, incluido el enigma humano del dolor y de la muerte. La fe en Cristo crucificado y resucitado es el corazón de todo el mensaje evangélico, el núcleo central de nuestro «Credo»(confr. BENEDICTO XVI, AUDIENCIA GENERAL, Miércoles 15 de abril de 2009  http://www.vatican.va/content/benedict-xvi/es/audiences/2009/documents/hf_ben-xvi_aud_20090415.html)