El tiempo ordinario, no quiere decir que es menos importante sino que es el nombre que se utiliza para distinguir este tiempo, de los tiempos fuertes que son el ciclo de pascua y de navidad, con su preparación y prolongación.  “En los 33 o 34 domingos del Tiempo durante el año no se celebra ningún aspecto peculiar del misterio de Cristo, sino más bien se recuerda el mismo misterio de Cristo en su plenitud y globalidad.  El tiempo durante el año se distribuye en dos períodos. Comienza el lunes que sigue al domingo posterior al 6 de enero y se extiende hasta el martes antes de cuaresma, inclusive; de nuevo comienza el lunes después del domingo de Pentecostés y termina antes de las primeras vísperas del I domingo de Advierto. Tiene dos grandes bloques: los domingos y las ferias” (Mateo Bautista, “Comentarios Bíblicos Dominicales”, Ciclo B, Edit. San Pablo, Pág. 226).