Primera Estación:

“Jesús condenado a muerte”

 

Jaculatoria:

Te adoramos Cristo y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo

 

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos  (Mc. 14,53-64)

“Condujeron a Jesús a casa del sumo sacerdote, y se reunieron todos los sumos sacerdotes con los ancianos y los letrados. Pedro le fue siguiendo a distancia hasta entrar en el palacio del sumo sacerdote. Se quedó sentado con los empleados, calentándose junto al fuego.
El sumo sacerdote y el Consejo en pleno buscaban un testimonio contra Jesús que permitiera condenarlo a muerte, y no lo encontraban, ya que aunque muchos testimoniaban en falso contra él, sus testimonios no concordaban.
Algunos se levantaron y declararon en falso contra él:
—Le hemos oído decir: Yo he de destruir este santuario, construido por manos humanas, y en tres días construiré otro, no edificado con manos humanas.
Pero tampoco en este punto concordaba su testimonio.
Entonces el sumo sacerdote se puso de pie en medio y preguntó a Jesús:
—¿No respondes nada a lo que éstos declaran contra ti?
Él seguía callado sin responder nada.
De nuevo le preguntó el sumo sacerdote:
—¿Eres tú el Mesías, el Hijo del Bendito?
Jesús respondió:
—Yo soy. Verán al Hijo del Hombre sentado a la derecha del Todopoderoso y llegando entre las nubes del cielo.
El sumo sacerdote, rasgándose sus vestiduras, dijo:
—¿Qué falta nos hacen los testigos? Ustedes mismos han oído la blasfemia. ¿Qué les parece?
Todos sentenciaron que era reo de muerte.”

Palabra del Señor.

Pausa de reflexión silenciosa:

Meditación:

Tu suerte Jesús estaba echada de antemano. Es la parodia de un juicio, Jesús es condenado injustamente. Guarda silencio ante sus acusadores. Cuántas veces señor hemos condenado injustamente a otros, por eso te pedimos perdón. Cuando me acusan falsamente, en lugar de guardar silencio y ofrecer ese sacrificio como lo hiciste vos, dejando en las manos del padre la justificación, me defiendo y lucho por el honor incluso hasta hiriendo a otros. Cuántas veces señor somos cómplices de injusticias.

Por todo esto te decimos: Señor ten piedad.

 

Rezamos:

Padre nuestro que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu Reino;
hágase tu voluntad
en la tierra como en el cielo.
Danos hoy
nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal. Amén.

 

Dios te salve, María,
llena eres de gracia;
el Señor es contigo.
Bendita Tú eres
entre todas las mujeres,
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios,
ruega por nosotros, pecadores,
ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén

 

Gloria al Padre
y al Hijo
y al Espíritu Santo.
Como era en el principio,
ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

 

Segunda Estación:

“Jesús carga con la cruz”

Jaculatoria:

Te adoramos Cristo y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan (Jn 19, 16b-17)

“Entonces se lo entregó para que fuera crucificado. Se lo llevaron; y Jesús salió cargando él mismo con la cruz, hacia un lugar llamado La Calavera, en hebreo Gólgota”.

Palabra del Señor.

Pausa de reflexión silenciosa:

 

Meditación:

Luego de haber azotado a Jesús,  de haberse burlado de él, le cargan el madero de la cruz. La cruz es el símbolo de nuestros pecados. Jesús la acepta porque sabe que por medio de ella nos traerá la salvación.  Jesús te pedimos que cuando algún dolor nos toque en la vida, tengamos el mismo valor que tuviste para aceptar la cruz.

 

Rezamos:

Padre nuestro que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu Reino;
hágase tu voluntad
en la tierra como en el cielo.
Danos hoy
nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal. Amén.

 

Dios te salve, María,
llena eres de gracia;
el Señor es contigo.
Bendita Tú eres
entre todas las mujeres,
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios,
ruega por nosotros, pecadores,
ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén

 

Gloria al Padre
y al Hijo
y al Espíritu Santo.
Como era en el principio,
ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

 

Tercera Estación:

“Jesús cae por primera vez bajo la cruz”

 

Jaculatoria:

Te adoramos Cristo y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo

 

Lectura del libro del profeta Isaías     50, 6-7

Ofrecí mi espalda a los que me golpeaban
y mis mejillas, a los que me arrancaban la barba;
no retiré mi rostro
cuando me ultrajaban y escupían.
Pero el Señor viene en mi ayuda:
por eso, no quedé confundido;
por eso, endurecí mi rostro como el pedernal,
y sé muy bien que no seré defraudado.

Palabra de Dios.

 

 

Pausa de reflexión silenciosa:

Meditación:

Estuvo despierto toda la noche, sufrió un juicio injusto, lo golpearon, se burlaron de él, lo azotaron, perdió mucha sangre y luego le obligaron a cargar la cruz hasta el lugar donde van a ejecutarlo. Jesús cae por el cansancio o tal vez porque alguien lo empuja para burlarse de él. Sin embargo, se levanta y toma la cruz nuevamente y sigue su camino.

Jesús a veces caemos por el peso de la cruz que nos toca llevar en nuestra vida. Te pedimos que nos otorgues la fuerza de poder levantarnos nuevamente.

Rezamos:

Padre nuestro que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu Reino;
hágase tu voluntad
en la tierra como en el cielo.
Danos hoy
nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal. Amén.

 

Dios te salve, María,
llena eres de gracia;
el Señor es contigo.
Bendita Tú eres
entre todas las mujeres,
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios,
ruega por nosotros, pecadores,
ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén

 

Gloria al Padre
y al Hijo
y al Espíritu Santo.
Como era en el principio,
ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

 

Cuarta Estación: “Jesús encuentra a su madre”

Jaculatoria:

Te adoramos Cristo y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo

 

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan (Jn 19, 25-27)

 

Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María de Cleofás y María Magdalena”.

 

Palabra de Dios.

Pausa de reflexión silenciosa:

 

Meditación:

No sabemos en qué lugar del camino hacia la cruz Jesús vio a su madre; pero sí sabemos por el Evangelio de Juan, que ella estaba al pie de la cruz. La madre sufría por la tortura a la que sometían a su hijo inocente y el hijo sufría por ver a su madre sufrir por él. Al pie de la cruz María se transforma en madre nuestra, que conoce también nuestros dolores y sufrimientos, pidámosle a María que nos ayude a atravesar la noche del dolor para llegar a la alegría de la Resurrección.

 

Rezamos:

Padre nuestro que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu Reino;
hágase tu voluntad
en la tierra como en el cielo.
Danos hoy
nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal. Amén.

 

Dios te salve, María,
llena eres de gracia;
el Señor es contigo.
Bendita Tú eres
entre todas las mujeres,
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios,
ruega por nosotros, pecadores,
ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén

 

Gloria al Padre
y al Hijo
y al Espíritu Santo.
Como era en el principio,
ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

 

Quinta Estación: “El cireneo ayuda a Jesús a llevar la cruz”

Jaculatoria:

Te adoramos Cristo y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo

 

 

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos (Mc 15,21)

“Pasaba por allí de vuelta del campo un tal Simón de Cirene –padre de Alejandro y Rufo–, y lo forzaron a cargar con la cruz. Lo condujeron al Gólgota, que significa Lugar de la Calavera”.

Palabra de Dios.

 

Pausa de reflexión silenciosa:

 

Meditación:

Para que Jesús  llegue con vida al lugar del suplicio; obligan a alguien a llevar la cruz por él. Esto fue así, porque que ya había sido atormentado por los azotes, había perdido sangre y estaba exhausto por la noche del juicio que paso sin dormir y sin beber. Los verdugos lo saben bien, por eso buscan un reemplazo obligado para cargar el madero.

Quisiera ser Jesús, quien te ayude a llevar la cruz para aliviarte un poco el dolor y el sufrimiento no por obligación, sino para devolverte algo de ese amor que me mostraste. Que puede ver tu rostro en el hermano que sufre, ayúdame a ser compasivo y misericordioso.

 

 

Rezamos:

Padre nuestro que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu Reino;
hágase tu voluntad
en la tierra como en el cielo.
Danos hoy
nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal. Amén.

 

Dios te salve, María,
llena eres de gracia;
el Señor es contigo.
Bendita Tú eres
entre todas las mujeres,
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios,
ruega por nosotros, pecadores,
ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén

 

Gloria al Padre
y al Hijo
y al Espíritu Santo.
Como era en el principio,
ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

 

Sexta Estación: “La verónica enjuga el rostro de Jesús”

Jaculatoria:

Te adoramos Cristo y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo

 

 

Lectura del profeta Isaías (53, 2-3)

Sin figura, sin belleza. Lo vimos sin aspecto atrayente, despreciado y evitado de los hombres, como un hombre de dolores, acostumbrado a sufrimientos, ante el cual se ocultaban los rostros, despreciado y desestimado.

Palabra de Dios.

 

Pausa de reflexión silenciosa:

 

 

Meditación:

Entre tanta crueldad, una mujer valiente y llena de amor, se entromete entre los guardias y  se acerca a vos Jesús para tener un pequeño gesto de alivio y enjugar tu rostro mal herido. Jesús te pedimos que nos otorgues la gracia de poder ser como la Verónica y poder aliviar y consolar; animar y fortalecer aquellos que sufren.

 

Rezamos:

Padre nuestro que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu Reino;
hágase tu voluntad
en la tierra como en el cielo.
Danos hoy
nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal. Amén.

 

Dios te salve, María,
llena eres de gracia;
el Señor es contigo.
Bendita Tú eres
entre todas las mujeres,
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios,
ruega por nosotros, pecadores,
ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén

 

Gloria al Padre
y al Hijo
y al Espíritu Santo.
Como era en el principio,
ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

 

Séptima Estación: “Jesús cae por segunda vez”

Jaculatoria:

Te adoramos Cristo y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo

Lectura del profeta Isaías (53,5)

Fue traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes. Nuestro castigo saludable cayó sobre él, sus cicatrices nos curaron.

Palabra de Dios.

 

Pausa de reflexión silenciosa:

 

Meditación:

Jesús experimenta la debilidad en todos sus aspectos, por eso cae. Sin embargo es consciente que solo atravesando esta prueba podrá regalarnos a todos la alegría de la salvación,  la fe en que Dios Padre al final del camino lo salvará, es lo único que le da fuerzas para levantarse nuevamente y retomar el camino.

Rezamos:

Padre nuestro que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu Reino;
hágase tu voluntad
en la tierra como en el cielo.
Danos hoy
nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal. Amén.

 

Dios te salve, María,
llena eres de gracia;
el Señor es contigo.
Bendita Tú eres
entre todas las mujeres,
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios,
ruega por nosotros, pecadores,
ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén

 

Gloria al Padre
y al Hijo
y al Espíritu Santo.
Como era en el principio,
ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

 

Octava Estación: “Jesús habla a las mujeres de Jerusalén”

Jaculatoria:

Te adoramos Cristo y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo

 

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas (23,27-28)

“Lo seguía un gran gentío del pueblo, y de mujeres que se golpeaban el pecho y lanzaban lamentos por él. Jesús se volvió hacia ellas y les dijo: «Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, llorad por vosotras y por vuestros hijos»”.

Palabra de Dios.

 

Pausa de reflexión silenciosa:

 

Meditación:

A pesar de todo el sufrimiento y el dolor que siente, Jesús, es capaz de tener un gesto con las mujeres que lo seguían las consuela y las anima para que su llanto por él, se convierta en frutos de una sincera conversión.

Rezamos:

Padre nuestro que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu Reino;
hágase tu voluntad
en la tierra como en el cielo.
Danos hoy
nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal. Amén.

 

Dios te salve, María,
llena eres de gracia;
el Señor es contigo.
Bendita Tú eres
entre todas las mujeres,
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios,
ruega por nosotros, pecadores,
ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén

 

Gloria al Padre
y al Hijo
y al Espíritu Santo.
Como era en el principio,
ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

Novena Estación: “Jesús cae por tercera vez”

Jaculatoria:

Te adoramos Cristo y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo

 

Lectura de la carta del Apóstol Pablo a los Filipenses (2,6-7)

Él, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios; al contrario, se despojó de sí mismo tomando la condición de esclavo, hecho semejante a los hombres.

Palabra de Dios.

 

Pausa de reflexión silenciosa:

 

Meditación:

Jesús que caíste tres veces y tres veces te volviste a levantar, danos la gracia de comprender que no nos pedís que no caigamos, sino que siempre no volvamos a levantar.

Rezamos:

Padre nuestro que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu Reino;
hágase tu voluntad
en la tierra como en el cielo.
Danos hoy
nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal. Amén.

 

Dios te salve, María,
llena eres de gracia;
el Señor es contigo.
Bendita Tú eres
entre todas las mujeres,
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios,
ruega por nosotros, pecadores,
ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén

 

Gloria al Padre
y al Hijo
y al Espíritu Santo.
Como era en el principio,
ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

Décima Estación: “Jesús es despojado de sus vestiduras”

Jaculatoria:

Te adoramos Cristo y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo

 

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas (23,34-36)

 

“Después se repartieron su ropa sorteándola entre ellos.
El pueblo estaba mirando y los jefes se burlaban de él diciendo:
—Ha salvado a otros, que se salve a sí mismo, si es el Mesías, el predilecto de Dios.
También los soldados se burlaban de él.
Se acercaban a ofrecerle vinagre y le decían:
—Si eres el rey de los judíos, sálvate.”

Palabra de Dios.

 

Pausa de reflexión silenciosa:

Meditación:

El interés de los verdugos por las vestiduras, les impide ver el sufrimiento de Jesús a quien al quitarle las vestidura lo mancillaron en su honra. Cuántas veces como los verdugos de Jesús, la avidez, el excesivo amor por la riqueza material, nos impide ver a los que sufren a nuestro alrededor y oprimidos en su dignidad. Por esto te decimos: Señor ten piedad.

Rezamos:

Padre nuestro que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu Reino;
hágase tu voluntad
en la tierra como en el cielo.
Danos hoy
nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal. Amén.

 

Dios te salve, María,
llena eres de gracia;
el Señor es contigo.
Bendita Tú eres
entre todas las mujeres,
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios,
ruega por nosotros, pecadores,
ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén

 

Gloria al Padre
y al Hijo
y al Espíritu Santo.
Como era en el principio,
ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

Undécima Estación: “Jesús es clavado en la cruz”

Jaculatoria:

Te adoramos Cristo y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos (15-22-32)

“Lo condujeron al Gólgota, que significa Lugar de la Calavera. Le ofrecieron vino con mirra, pero él no lo tomó. Lo crucificaron y se repartieron su ropa, echando a suertes lo que le tocara a cada uno.
Eran las nueve de la mañana cuando lo crucificaron.
La inscripción que indicaba la causa de la condena decía: El rey de los judíos. Con él crucificaron a dos asaltantes, uno a la derecha y otro a la izquierda. [[—Y se cumplió la Escritura que dice: y fue contado entre los pecadores.]]
Los que pasaban lo insultaban moviendo la cabeza y decían:
—El que derriba el santuario y lo reconstruye en tres días, que se salve, bajando de la cruz.
A su vez los sumos sacerdotes, burlándose, comentaban con los letrados:
—Ha salvado a otros y él no se puede salvar. El Mesías, el rey de Israel, baje ahora de la cruz para que lo veamos y creamos.
Y también lo insultaban los que estaban crucificados con él.”

 

Palabra de Dios.

 

Pausa de reflexión silenciosa:

 

Meditación:

Jesús está inmóvil en la cruz. Solo le queda abandonarse en las manos del Padre. Ya nada puede hacer. Cuando nos lleguen horas amargas y difíciles y ya nada podamos hacer, danos la gracia de fortalecer nuestra fe y confiarnos a las manos del Padre.

 

Rezamos:

Padre nuestro que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu Reino;
hágase tu voluntad
en la tierra como en el cielo.
Danos hoy
nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal. Amén.

 

Dios te salve, María,
llena eres de gracia;
el Señor es contigo.
Bendita Tú eres
entre todas las mujeres,
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios,
ruega por nosotros, pecadores,
ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén

 

Gloria al Padre
y al Hijo
y al Espíritu Santo.
Como era en el principio,
ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

Duodécima Estación: “Jesús muere en la cruz”

Jaculatoria:

Te adoramos Cristo y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo

 

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos (15, 33-41)

“Al mediodía se oscureció todo el territorio hasta media tarde. A esa hora Jesús gritó con voz potente:
Eloi, eloi, lema sabactani, que significa: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
Algunos de los presentes, al oírlo, comentaban:
—Está llamando a Elías.
Uno empapó una esponja en vinagre, la sujetó a una caña y le ofreció de beber diciendo:
—¡Quietos! A ver si viene Elías a librarlo.
Pero Jesús, lanzando un grito, expiró.
El velo del santuario se rasgó en dos de arriba abajo. El centurión, que estaba enfrente, al ver cómo expiró, dijo:
—Realmente este hombre era Hijo de Dios.
Estaban allí mirando a distancia unas mujeres, entre ellas María Magdalena, María, madre de Santiago el Menor y de José, y Salomé, quienes, cuando estaba en Galilea, le habían seguido y servido; y otras muchas que habían subido con él a Jerusalén”.

Palabra de Dios.

 

Pausa de reflexión silenciosa:

Meditación:

“¿Cómo Jesús venció la muerte? No evitándola, ni haciéndola retroceder como a un enemigo que huye. La venció pasando por ella, saboreando personalmente toda su amargura. La venció desde adentro, no desde afuera […] Jesús no se adentró en la muerte como quien sabe que tiene un as en la manga que sacará en el momento oportuno. Si a lo largo de su vida muestra a veces que sabe que resucitará, eso se debe a un conocimiento especial del que no disponía como y cuando quería. Su grito en la cruz `Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?´ está indicando que, en aquel momento, no tenía cuanto hombre esa certeza. Jesús se adentró en la muerte igual que nosotros como quien cruza un umbral hacia la oscuridad y no ve lo que le espera al otro lado. Lo único que lo sostenía era una indefectible confianza en el Padre que lo llevó a exclamar: `¡Padre a tus manos encomiendo mi espíritu!´(Lc 23,46)” (Raniero Cantalamesa, “La fuerza de la cruz”, Ediciones Monte Carmelo, 13ª Edición, 2015, págs. 223y 224).

Rezamos:

Padre nuestro que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu Reino;
hágase tu voluntad
en la tierra como en el cielo.
Danos hoy
nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal. Amén.

 

Dios te salve, María,
llena eres de gracia;
el Señor es contigo.
Bendita Tú eres
entre todas las mujeres,
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios,
ruega por nosotros, pecadores,
ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén

 

Gloria al Padre
y al Hijo
y al Espíritu Santo.
Como era en el principio,
ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Decimotercera Estación: “Jesús es bajado de la cruz”

Jaculatoria:

Te adoramos Cristo y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo

 

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos (15, 42-46)

“Ya anochecía; y como era el día de la preparación, víspera de sábado, José de Arimatea, consejero respetado, que esperaba el reino de Dios, tuvo la osadía de presentarse a Pilato a pedirle el cuerpo de Jesús. Pilato se extrañó que ya hubiera muerto. Llamó al centurión y le preguntó si ya había muerto. Informado por el centurión, le concedió el cuerpo a José. Éste compró una sábana, lo bajó de la cruz, lo envolvió en la sábana”.

Palabra de Dios.

Meditación:

El cuerpo de Jesús ya sin vida es bajado de la cruz. Imaginamos que su madre que estaba al pie de la cruz lo recibe. Podemos sentir su dolor, pero también su fe y las esperanza en las palabras de su hijo que le había anunciado que todo terminaría bien, eso es lo que la sostuvo en aquel terrible momento. Por eso María en nuestra madre en la fe.

 

Pausa de reflexión silenciosa:

 

Rezamos:

Padre nuestro que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu Reino;
hágase tu voluntad
en la tierra como en el cielo.
Danos hoy
nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal. Amén.

 

Dios te salve, María,
llena eres de gracia;
el Señor es contigo.
Bendita Tú eres
entre todas las mujeres,
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios,
ruega por nosotros, pecadores,
ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén

 

Gloria al Padre
y al Hijo
y al Espíritu Santo.
Como era en el principio,
ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

 

Decimocuarta Estación: “Jesús es sepultado”

 

Jaculatoria:

Te adoramos Cristo y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo

Lectura del Evangelio según san Mateo (27, 59-60)

José, tomando el cuerpo de Jesús, lo envolvió en una sábana limpia, lo puso en su sepulcro nuevo que se había excavado en la roca, rodó una piedra grande a la entrada del sepulcro y se marchó.

Palabra de Dios.

 

Pausa de reflexión silenciosa:

 

 

Meditación:

Ante el silencio de la tumba de Jesús, nos quedamos expectantes porque como dice San Pablo “si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él” (Rom.6,8 ). A lo lejos percibimos ya la luz de la resurrección.

 

Rezamos:

Padre nuestro que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu Reino;
hágase tu voluntad
en la tierra como en el cielo.
Danos hoy
nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal. Amén.

 

Dios te salve, María,
llena eres de gracia;
el Señor es contigo.
Bendita Tú eres
entre todas las mujeres,
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios,
ruega por nosotros, pecadores,
ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén

 

Gloria al Padre
y al Hijo
y al Espíritu Santo.
Como era en el principio,
ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.