San Camilo de Lelis
presbítero

Camilo (1550-1614) vivió primero una juventud desordenada hasta que fue internado en el Hospital de los Incurables, en Roma.
Impactado por las penurias y el desamparo de los enfermos abandonados, se hizo enfermero. Más tarde, varios compañeros se congregaron bajo su dirección y fueron los «Servidores de los enfermos».
Ordenado presbítero, Camilo pasó su vida entre los miembros dolientes de Cristo.

 

Año impar

El Señor se apareció en una llama de fuego,
que salía de en medio de una zarza

Lectura del libro del Éxodo     3, 1-6. 9-12

Moisés, que apacentaba las ovejas de su suegro Jetró, el sacerdote de Madián, llevó una vez el rebaño más allá del desierto y llegó a la montaña de Dios, al Horeb. Allí se le apareció el Ángel del Señor en una llama de fuego, que salía de en medio de la zarza.
Al ver que la zarza ardía sin consumirse, Moisés pensó: «Voy a observar este grandioso espectáculo. ¿Por qué será que la zarza no se consume?»
Cuando el Señor vio que él se apartaba del camino para mirar, lo llamó desde la zarza, diciendo: «¡Moisés, Moisés!» «Aquí estoy», respondió él. Entonces Dios le dijo: «No te acerques hasta aquí. Quítate las sandalias, porque el suelo que estás pisando es una tierra santa.» Luego siguió diciendo: «Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob.»
Moisés se cubrió el rostro porque tuvo miedo de ver a Dios.
Entonces Dios le dijo: «El clamor de los israelitas ha llegado hasta mí y he visto cómo son oprimidos por los egipcios. Ahora ve, yo te envío al Faraón para que saques de Egipto a mi pueblo, a los israelitas.»
Pero Moisés dijo a Dios: «¿Quién soy yo para presentarme ante el Faraón y hacer salir de Egipto a los israelitas?»
«Yo estaré contigo, le dijo Dios, y esta es la señal de que soy yo el que te envía: después que hagas salir de Egipto al pueblo, ustedes darán culto a Dios en esta montaña.»

Palabra de Dios.

SALMO     Sal 102, 1-4. 6-7

R. ¡El Señor es bondadoso y compasivo!

Bendice al Señor, alma mía,
que todo mi ser bendiga a su santo Nombre;
bendice al Señor, alma mía,
y nunca olvides sus beneficios. R.

El perdona todas tus culpas
y cura todas tus dolencias;
rescata tu vida del sepulcro,
te corona de amor y de ternura. R.

El Señor hace obras de justicia
y otorga el derecho a los oprimidos;
él mostró sus caminos a Moisés
y sus proezas al pueblo de Israel. R.

ALELUIA     Cf. Mt 11, 25

Aleluia.
Bendito eres, Padre, Señor del cielo y de la tierra,
porque revelaste los misterios del Reino a los pequeños.
Aleluia.

EVANGELIO

Has ocultado estas cosas a los sabios
y se las has revelado a los pequeños

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo     11, 25-27

Jesús dijo:
Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así lo has querido.
Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, así como nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.

Palabra del Señor.


La primera lectura nos presenta el llamado de Moisés:

“¿Cuál fue la experiencia que tuvo Moisés?. Es difícil decirlo ¿Hubo realmente un zarza que ardía sin consumirse? Quizás Moisés tuvo esa experiencia en su corazón con encontró una imagen mejor que decir “era como un gran fuego; no un fuego que destruye, como un incendio, sino como un fuego que calienta, que ilumina, que da fuerzas”. ¿No decimos nosotros que “ardemos” de amor y que esto nos da alas?.

Ese Dios le da su nombre a Moisés. Dar el nombre es darse así m ismo, como cuanos de firam un contrato se le da el propio nombre a la persona amada. Pero Dios sigue siend misterio y su Nombre es incognoscible: no se sabe cómo traducirlo. Pertenece a la raíz “ser, vivir” y señala sobre todo una presencia “Yo soy el que seré”, es decir: “Lo que soy lo descubriréis en lo que haré por vosotros, en vuestra historia”. Por respeto, los judíos no pronuncian nunca este nombre (Yavé) y lo sustituyen por “Adonai, el Señor”.

Es un Dios persona, no un ídolo o una fuerza de la naturaleza. Es “El Dios de Abrhán…” Por tanto no se puede descubrir nada de su misterio más que a través de lo que hace y transforma en quienes lo aman: el el Dios de Abrahán…, de Jesucristo…, de Luis o de Carmen…” (confr. Cuadernos Bíblicos Nº 35, “Primeros paso por la biblia”, Equipo “Cahiers Evangile”, Edit. Verbo Divino, 1997 pág. 11).

El evangelio de hoy nos presenta una expresión de alegría de Jesús es una oración de alabanza, enmarcada por la llamada al Padre  y motivada por la revelación dirigida a los “pequeños”.  Dice Romano Guardini que con estas palabras Jesús hecha por tierra los valores y categorías de los discípulos. Porque en el reino de Dios no será como en el mundo, donde hay gobernantes y servidores, buscadores de ventajas, diligentes, diestros, torpes, lentos y simples y por lo tanto hay exitosos y derrotados.  Las cosas se invierten, tal como lo expresa Jesús luego del regreso de los discípulos que habían sido enviados y como lo dirá más tarde San Pablo: “Ha escogido Dios más bien lo necio de mundo para confundir a los sabios. Y ha escogido Dios lo débil del mundo, para confundir lo fuerte” (2 Co 1,27) (confr. Romano Guardini,  “El Señor”, Editorial Lumen, Pág. 344/351).  Los pequeños, los que son como niños,  están “exentos de artificios de cálculos y de la preocupación de autoafirmarse y porque el niño además está abierto, por eso mismo es receptivo a la gran revolución de la existencia que Cristo Proclama y designa con el término “Reino de Dios”. Este mensaje da que pensar al adulto. Su prudencia le objeta que eso no puede resultar. Su cautela le anticipa las consecuencias que acarrearía. La conciencia que tiene de sí mismo se subleva. Su endurecimiento no quiere ceder. Se ha encastillado en su mundo artificial: teme que ese mundo pueda ser conmovido en sus cimientos y por eso no logra entender. Sus ojos son ciegos, sus oídos sordos y su corazón, duro, tal como Jesús lo señala una y otra vez. Es “demasiado adulto” (Romano Guardini, ob. cit., pág. 350). En cambio los pequeños, los humildes, los que son como niños, tienen la actitud connatural a la fe, en la cual lo que procede de Dios puede actuar sin obstáculo; son aquellas personas que se abren a la novedad, a lo que redime sin temor. Dejar de ser adultos para convertirse en pequeños, niños, humildes, lleva un proceso de conversión, en el que hay que reconocer la paternidad de Dios, de quien todo procede a quien todo debemos. Por otra parte esta disposición del corazón es la que nos permite captar que Jesús es la revelación del Padre: que Jesús está en el Padre y el Padre está en él.