San Buenaventura
obispo y doctor de la Iglesia
Memoria Obligatoria

Buenaventura (1218-1274) fue hijo espiritual de San Francisco de Asís. Como ministro general de la Orden de los Menores, trabajó por su organización.
Por la sublimidad de su doctrina teológica -enseñó, en la escuela de san Agustín, el «Itinerario del alma hacia Dios»- y por la intensidad de su vida de fe, mereció ser llamado el «Doctor seráfico».
Designado Obispo-cardenal de Albano, murió durante el Concilio de Lyon.

 

Año impar

Yo soy el que soy. «Yo soy» me envió a ustedes

Lectura del libro del Éxodo     3, 13-20

Moisés, después de oír la voz del Señor que le hablaba desde la zarza, dijo a Dios: «Si me presento ante los israelitas y les digo que el Dios de sus padres me envió a ellos, me preguntarán cual es su nombre. Y entonces, ¿qué les responderé?»
Dios dijo a Moisés: «Yo soy el que soy.» Luego añadió: «Tú hablarás así a los israelitas: «Yo soy» me envió a ustedes.» Y continuó diciendo a Moisés: «Tú hablarás así a los israelitas: El Señor, el Dios de sus padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob, es el que me envía. Este es mi nombre para siempre, y así será invocado en todos los tiempos futuros. Ve a reunir a los ancianos de Israel y diles: El Señor, el Dios de sus padres, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, se me apareció y me dijo: «Yo los he visitado y he visto cómo los maltrataban los egipcios. Por eso decidí librarlos de la opresión que sufren en Egipto, para llevarlos al país de los cananeos, los hititas, los amorreos, los perizitas, los jivitas y los jebuseos, a una tierra que mana leche y miel.»
Ellos te escucharán, y tú irás a presentarte ante el rey de Egipto, junto con los ancianos de Israel. Entonces le dirás: «El Señor, el Dios de los hebreos, vino a nuestro encuentro. Y ahora tenemos que realizar una marcha de tres días por el desierto, para ofrecer sacrificios al Señor, nuestro Dios.»
Ya sé que el rey de Egipto no los dejará partir, si no es obligado por la fuerza. Pero yo extenderé mi mano y castigaré a Egipto, realizando ante ellos toda clase de prodigios. Así él los dejará partir.»

Palabra de Dios.

SALMO     Sal 104, 1 y 5. 8-9. 24-25. 26-27 (R.: 8a)

R. El Señor se acuerda eternamente de su Alianza.

O bien:

Aleluia.

¡Den gracias al Señor, invoquen su Nombre,
hagan conocer entre los pueblos sus proezas;
recuerden las maravillas que él obró,
sus portentos y los juicios de su boca! R.

El se acuerda eternamente de su alianza,
de la palabra que dio por mil generaciones,
del pacto que selló con Abraham,
del juramento que hizo a Isaac. R.

El Señor hizo a su pueblo muy fecundo,
más fuerte que sus mismos opresores;
cambió el corazón de los egipcios,
para que sintieran odio por su pueblo
y trataran con perfidia a sus servidores. R.

Luego envió a Moisés, su servidor,
y a Aarón, que era su elegido;
por su intermedio realizó prodigios,
hizo portentos en la tierra de Cam. R.

ALELUIA     Mt 11, 28

Aleluia.
«Vengan a mí todos
los que están afligidos y agobiados,
y Yo los aliviaré», dice el Señor.
Aleluia.

EVANGELIO

Soy paciente y humilde de corazón

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo     11, 28-30

Jesús tomó la palabra y dijo:
Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré. Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio. Porque mi yugo es suave y mi carga liviana.

Palabra del Señor.


Este relato fue escrito en un momento en que la catástrofe se había abatido sobre Israel. “Esta revelación de la identidad divina y de su compromiso total y eterno con el oprimido adquiere un nuevo sentido en la época del exilio Israelita en Babilonia (587-534 a.C). Ésta es la Buena Noticia: el dios o los dioses que justifican la opresión y las políticas del faraón no tienen nada que ver con el Dios de la justicia y de la libertad; “Yo soy”, es el Dios que rescata, el Dios que se la juega todo a favor de la vida y de la libertad del oprimido” (“La Biblia de nuestro pueblo”, Texto Luis Alonso Schökel, Editorial Agape, 10ª edición, pág. 161)

En el evangelio de ayer vimos como Jesús alababa a la gente sencilla que tenía el corazón abierto para recibir su enseñanza en contraposición a los sabios y prudentes, que en la época de Jesús eran os que interpretaban la ley como los escribas y fariseos o como las familia del poder que se aliaban con los romanos, estas personas no podían comprender el mensaje de Jesús.  Jesús hoy nos dice: “”Carguen sobre ustedes mi yugo”, y no la serie insoportable de seiscientos cuarenta y tres preceptos que los “sabios y prudentes” les imponían. Más insoportable aún era su interpretación sobre las purificaciones, las ofrendas, los sacrificios y el sábado. Jesús se compadecía de los que sufrían ese yugo. Los “afligidos y agobiados” eran quienes trataban de cumplir lo que se les imponía: leyes y obligaciones que ni estos mismos “sabios y prudentes” podían soportar ni cumplir. Así atormentaban las conciencias y dominaban sobre los que se sentían culpables. Ante esto Jesús quería ser un alivio para todos. La carga del amor es liviana. Su peso proviene de lo que exige, y echarse encima el peso del compromiso por otros a veces tritura. Sin embargo esta carga se torna liviana, porque regala juna energía inmensa que hace feliz a quien la lleva, es más fuerte que la muerte” (confr. P. Aderico Dolzani, SSP., “El yugo de Jesús”,  “El domingo”, Año LXXXII Nº 4367, 6 de julio de 2014, Edit. Sociedad de San Pablo).