San Juan María Vianney,
presbítero
Memoria

Juan María Vianney, el «Cura de Ars» (1786-1859), es el modelo típico del pastor de almas, dedicado al anuncio de la Palabra de Dios y al ministerio de la reconciliación, a la oración y a la penitencia. El amor, que en ciertos momentos transfiguraba su rostro, tenía su fuente en la Eucaristía, de la cual era, al mismo tiempo, el celebrante ferviente y el adorador fiel.

Día del Párroco (v. al respecto  BENEDICTO XVI, AUDIENCIA GENERAL, Palacio pontificio de Castelgandolfo Miércoles 5 de agosto de 2009 sobre San Juan María Vianney, cura de Ars

https://www.vatican.va/content/benedict-xvi/es/audiences/2009/documents/hf_ben-xvi_aud_20090805.html)

 

Año impar

Despreciaron una tierra envidiable

Lectura del libro de los Números     13, 1-2. 25 — 14, 1. 26-33

El Señor dijo a Moisés en el desierto de Farán: «Envía unos hombres a explorar el país de Canaán, que yo doy a los israelitas; enviarás a un hombre por cada una de sus tribus paternas, todos ellos jefes de tribu.»
Al cabo de cuarenta días volvieron de explorar el país. Entonces fueron a ver a Moisés, a Aarón y a toda la comunidad de los israelitas en Cades, en el desierto de Parán, y les presentaron su informe, al mismo tiempo que les mostraban los frutos del país. Les contaron lo siguiente: «Fuimos al país donde ustedes nos enviaron; es realmente un país que mana leche y miel, y estos son sus frutos. Pero, ¡qué poderosa es la gente que ocupa el país! Sus ciudades están fortificadas y son muy grandes. Además, vimos allí a los anaquitas. Los amalecitas habitan en la región del Négueb; los hititas, los jebuseos y los amorreos ocupan la región montañosa; y los cananeos viven junto al mar y a lo largo del Jordán.»
Caleb trató de animar al pueblo que estaba junto a Moisés, diciéndole: «Subamos en seguida y conquistemos el país, porque ciertamente podremos contra él.» Pero los hombres que habían subido con él replicaron: «No podemos atacar a esa gente, porque es más fuerte que nosotros.» Y divulgaron entre los israelitas falsos rumores acerca del país que habían explorado, diciendo: «La tierra que recorrimos y exploramos devora a sus propios habitantes. Toda la gente que vimos allí es muy alta. Vimos a los gigantes -los anaquitas son raza de gigantes-. Nosotros nos sentíamos como langostas delante de ellos, y esa es la impresión que debimos darles.»
Entonces la comunidad en pleno prorrumpió en fuertes gritos, y el pueblo lloró toda aquella noche.
Luego el Señor dijo a Moisés y a Aarón: «¿Hasta cuándo esta comunidad perversa va a seguir protestando contra mí? Ya escuché las incesantes protestas de los israelitas. Por eso, diles: «Juro por mi vida, palabra del Señor, que los voy a tratar conforme a las palabras que ustedes han pronunciado. Por haber protestado contra mí, sus cadáveres quedarán tendidos en el desierto: los cadáveres de todos los registrados en el censo, de todos los que tienen más de veinte años. Ni uno solo entrará en la tierra donde juré establecerlos, salvo Caleb hijo de çIefuné y Josué hijo de Nun. A sus hijos, en cambio, a los que ustedes decían que iban a ser llevados como botín, sí los haré entrar; ellos conocerán la tierra que ustedes han despreciado. Pero los cadáveres de ustedes quedarán tendidos en este desierto. Mientras tanto sus hijos andarán vagando por el desierto»».

Palabra de Dios.

SALMO     Sal 105, 6-7a.13-14.21-23

R. ¡Acuérdate de nosotros, Señor!

O bien:

Aleluia.

Hemos pecado, igual que nuestros padres;
somos culpables, hicimos el mal:
nuestros padres, cuando estaban en Egipto,
no comprendieron tus maravillas. R.

Muy pronto se olvidaron de las obras del Señor,
no tuvieron en cuenta su designio;
ardían de avidez en el desierto
y tentaron a Dios en la soledad. R.

Olvidaron a Dios, que los había salvado
y había hecho prodigios en Egipto,
maravillas en la tierra de Cam
y portentos junto al Mar Rojo. R.

El Señor amenazó con destruirlos,
pero Moisés, su elegido,
se mantuvo firme en la brecha
para aplacar su enojo destructor. R.

ALELUIA     Lc 7, 16b

Aleluia.
Un gran profeta ha aparecido en medio de nosotros
y Dios ha visitado a su Pueblo.
Aleluia.

EVANGELIO

Mujer, ¡qué grande es tu fe!

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo     15, 21-28

Jesús partió de allí y se retiró al país de Tiro y de Sidón. Entonces una mujer cananea, que procedía de esa región, comenzó a gritar: «¡Señor, Hijo de David, ten piedad de mí! Mi hija está terriblemente atormentada por un demonio.» Pero él no le respondió nada.
Sus discípulos se acercaron y le pidieron: «Señor, atiéndela, porque nos persigue con sus gritos.»
Jesús respondió: «Yo he sido enviado solamente a las ovejas perdidas del pueblo de Israel.»
Pero la mujer fue a postrarse ante él y le dijo: «¡Señor, socórreme!»
Jesús le dijo: «No está bien tomar el pan de los hijos, para tirárselo a los cachorros.»
Ella respondió: «¡Y sin embargo, Señor, los cachorros comen las migas que caen de la mesa de sus dueños!»
Entonces Jesús le dijo: «Mujer, ¡qué grande es tu fe! ¡Que se cumpla tu deseo!» Y en ese momento su hija quedó sana.

Palabra del Señor.


El libro de los Números cuenta los obstáculos que aparecen en el camino que conduce al pueblo a la tierra prometida, los que a veces no son solamente los pueblos que ya ocupan el lugar, sino también el propio pueblo de Israel que no pone su confianza en Dios. El pueblo no quiere esforzarse para ganar su libertad y prefiere la comodidad de la esclavitud, esa es la falta de fe que se demuestra en las protestas, miedos y dudas. La consecuencia de esta falta de fe y de confianza en Dios es que la generación que salió de Egipto no entrará en la tierra prometida. Como nos dice San Pablo, “La fe es la garantía de lo que se espera, la prueba de lo que no se ve” es fe puesta en Jesús resucitado es la que verdaderamente libera (confr. Heb. 11,1-39 y 12, 1-3)

El trasfondo del evangelio de hoy apunta a los problemas de la Iglesia para la cual escribía el evangelista. El debate era: ¿qué lugar ocupan los paganos en una Iglesia compuesta sobre todo por cristianos de origen judío?. Para algunos de éstos, el «pan de los hijos», es decir, la doctrina de Cristo y la mesa eucarística, no debía ser dado a los «perros», denominación descortés de los paganos. De forma extraña, la cananea, que al principio «gritaba», reconoce su estatuto inferior con relación a los dueños o señores, los judeocristianos (confr. Cuaderno Bíblico 129, “Evangelio de Jesucristo según San Mateo”, C. Tassin, Editorial Verbo Divino, 2006, pág. 45). El exclusivismo de la pureza racial de la herencia judía pesaba mucho sobre los primeros judeocristianos,  por eso Jesús que siempre escucha a los que sufren, a pesar de lo chocante que pueda parecer al principio su actitud, quiere sin embargo destacar con ello el valor de la fe pura de esta mujer pagana. La fe no tiene fronteras de raza, cultura o condición social. El milagro obrado por Jesús y la alabanza a la fe de la mujer enseñan la universalidad de la salvación que Jesús nos quiere regalar.