San Isidro, Labrador

(1070-1130) Trabajó como peón de campo, cerca de Madrid (España). A pesar del intenso trabajo nunca dejó de participar en la santa Misa, preparándose con un tiempo de oración para celebrarla mejor. Los domingos, después de la Eucaristía, dedicaba tiempo para visitar a los pobres y a los enfermos. Junto con su mujer Toribia, también santa, tuvieron un hijo y eran conocidos como una familia ejemplar.

 

Apolo demostraba por medio de las Escrituras
que Jesús es el Mesías

Lectura de los Hechos de los Apóstoles     18, 23-28

Después de haber permanecido un tiempo en Antioquía, partió de nuevo y recorrió sucesivamente la región de Galacia y la Frigia, animando a todos los discípulos.
Un judío llamado Apolo, originario de Alejandría, había llegado a Efeso. Era un hombre elocuente y versado en las Escrituras. Había sido iniciado en el Camino del Señor y, lleno de fervor, exponía y enseñaba con precisión lo que se refiere a Jesús, aunque no conocía otro bautismo más que el de Juan.
Comenzó a hablar con decisión en la sinagoga. Después de oírlo, Priscila y Aquila lo llevaron con ellos y le explicaron más exactamente el Camino de Dios. Como él pensaba ir a Acaya, los hermanos lo alentaron, y escribieron a los discípulos para que lo recibieran de la mejor manera posible.
Desde que llegó a Corinto fue de gran ayuda, por la gracia de Dios, para aquellos que habían abrazado la fe, porque refutaba vigorosamente a los judíos en público, demostrando por medio de las Escrituras que Jesús es el Mesías.

Palabra de Dios.

SALMO     Sal 46, 2-3. 8-10

R. Dios es el Rey de toda la tierra.

O bien:

Aleluia.

Aplaudan, todos los pueblos,
aclamen al Señor con gritos de alegría;
porque el Señor, el Altísimo, es temible,
es el soberano de toda la tierra. R.

El Señor es el Rey de toda la tierra,
cántenle un hermoso himno.
El Señor reina sobre las naciones
el Señor se sienta en su trono sagrado. R.

Los nobles de los pueblos se reúnen
con el pueblo del Dios de Abraham:
del Señor son los poderosos de la tierra,
y él se ha elevado inmensamente. R.

ALELUIA     Jn 16, 28

Aleluia.
Salí del Padre y vine al mundo.
Ahora dejo el mundo y voy al Padre.
Aleluia.

EVANGELIO

El Padre os ama,
porque vosotros me amáis y habéis creído

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan     16, 23b-28

Jesús dijo a sus discípulos:
«Les aseguro que todo lo que pidan al Padre, él se lo concederá en mi Nombre. Hasta ahora, no han pedido nada en mi Nombre. Pidan y recibirán, y tendrán una alegría que será perfecta. Les he dicho todo esto por medio de parábolas. Llega la hora en que ya no les hablaré por medio de parábolas, sino que les hablaré claramente del Padre.
Aquel día ustedes pedirán en mi Nombre; y no será necesario que yo ruegue al Padre por ustedes, ya que él mismo los ama, porque ustedes me aman y han creído que yo vengo de Dios. Salí del Padre y vine al mundo. Ahora dejo el mundo y voy al Padre.»

Palabra del Señor.


El autor nos habla aquí de Apolo de Alejandría y de otros que creyeron en Jesús, pero que solamente habían recibido el bautismo de Juan y no sabían nada del Espíritu Santo. ¿Cómo pudo existir es situación?, ¿era el movimiento de seguidores de Juan el Bautista un rival de la Iglesia naciente?, no lo sabemos,  lo cierto es que el autor del libro nos quiere mostrar el triunfo del Espíritu Santo en todos los frentes de evangelización de Pablo.
En el evangelio vemos que el amor del Padre se vuelca sobre los discípulos que creen en su hijo Jesús, el enviado. “Precisamente porque los cristianos tendrán la presencia íntima de Jesús en el Paráclito, estarán también muy cerca del Padre, que es una sola cosa con Jesús. Esto nos permite comprender por qué en 16,23b-24 se insiste en que no sólo hay cosas que deben pedirse en el nombre de Jesús, sino que además serán otorgadas en su nombre. Jesús vive en los cristianos, y por ello las peticiones de éstos se hacen en nombre de Jesús; pero como el Padre es una sola cosa con Jesús, otorga lo que se le pide en nombre de su Hijo. El v. 24 es más profundo de lo que parece a primera vista. La afirmación de que hasta ahora (la Última Cena) los discípulos no han pedido nada en nombre de Jesús implica realmente que los discípulos no pueden estar del todo unidos a Jesús (y actuar por ello en su nombre) hasta que se haya cumplido la hora de la pasión, muerte, resurrección y don del Espíritu. Sólo entonces, como Ef 2,18 lo expresa, tendrán «acceso al Padre en un misino Espíritu»” (confr. Raymond E. Brown, “El Evangelio según Juan”, Segunda Edición, Ediciones Cristiandad, Madrid, 2000,  T. II, pág. 1088)
Qué es lo que los cristianos debemos pedir al Padre en nombre de Jesús y que él, ciertamente nos concederá: el Espíritu Santo y sus frutos (v. Gálatas 5, 22-25).