+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas     9, 46-50

A los discípulos de Jesús se les ocurrió preguntarse quién sería el más grande.
Pero Jesús, conociendo sus pensamientos, tomó a un niño y acercándolo, les dijo: «El que recibe a este niño en mi Nombre, me recibe a mí, y el que me recibe a mí, recibe a aquel que me envió; porque el más pequeño de ustedes, ese es el más grande.»
Juan, dirigiéndose a Jesús, le dijo: «Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu Nombre y tratamos de impedírselo, porque no es de los nuestros.»
Pero Jesús le dijo: «No se lo impidan, porque el que no está contra ustedes, está con ustedes.»

Palabra del Señor.

Reflexion:

¿Quién es el más grande en el Reino de Dios? ¿Por dónde pasa la grandeza? ¿Jesús nos pide que renunciemos a la idea de grandeza?

El sueño de grandeza es el motor del corazón, casi como el horizonte donde vemos salir y ponerse el sol. No creo que Dios nos pida renunciar a ese sueño que el mismo nos regaló y que brota de lo más hondo del corazón. Es más, pienso que ese sueño es la voz del Espíritu Santo que desde el interior del corazón brota con la fuerza de la napa interior que quiere salir.

Y entonces buceando un poco más hondo en el texto me animo a preguntar. ¿A que debo renunciar? En primer lugar, el evangelio nos cuenta dos situaciones, la primera es la discusión sobre quien es más importante, y la segunda la experiencia de descubrir a otros que hablan del señor y que no son de nuestro grupo. Pareciera que la renuncia, es a querer controlarlo todo, a ese deseo de omnipotencia. La propuesta de Jesús es tener la actitud humilde y confiada de los niños que se sorprenden con humildad. Que en vez de querer dictarle al corazón se animan a escucharlo. Que en vez de querer escribir el sueño se animan a sentirlo.

El Señor quiere que seamos grandes, y soñemos a lo grande, pero la única manera de poder hacerlo es presentándole nuestro corazón humilde y animándonos a construir ese sueño con ÉL. Digamos con pablo: “porque cuando soy débil, entonces soy fuerte” 2 Cor 12, 10b.