María comulgó íntimamente con la Pasión de su Hijo. Así fue asociada de una manera única a la gloria de su resurrección. Por eso, se celebra la compasión de María al día siguiente de la Cruz gloriosa. Esta fiesta nos recuerda que, al pie de la Cruz, la maternidad de María se extendió a todo el Cuerpo de Cristo que es la Iglesia.

 

Lectura de la carta a los Hebreos     5, 7-9

Cristo dirigió durante su vida terrena súplicas y plegarias, con fuertes gritos y lágrimas, a aquel que podía salvarlo de la muerte, y fue escuchado por su humilde sumisión. Y, aunque era Hijo de Dios, aprendió por medio de sus propios sufrimientos qué significa obedecer. De este modo, él alcanzó la perfección y llegó a ser causa de salvación eterna para todos los que le obedecen.

Palabra de Dios.

SALMO     Sal 30, 2-3a. 3b-4. 5-6. 15-16. 20 (R.: 17b)

R. Sálvame, Señor, por tu misericordia.

Yo me refugio en ti, Señor,
¡que nunca me vea defraudado!
Líbrame, por tu justicia;
inclina tu oído hacia mí
y ven pronto a socorrerme. R.

Sé para mí una roca protectora,
un baluarte donde me encuentre a salvo,
porque tú eres mi Roca y mi baluarte:
por tu Nombre, guíame y condúceme. R.

Sácame de la red que me han tendido,
porque tú eres mi refugio.
Yo pongo mi vida en tus manos:
tú me rescatarás, Señor, Dios fiel. R.

Pero yo confío en ti, Señor,
y te digo: «Tú eres mi Dios,
mi destino está en tus manos.»
Líbrame del poder de mis enemigos
y de aquellos que me persiguen. R.

¡Qué grande es tu bondad, Señor!
Tú la reservas para tus fieles;
y la brindas a los que se refugian en ti,
en la presencia de todos. R.

SECUENCIA

Esta Secuencia es optativa.

Se encontraba la Madre dolorosa
junto a la cruz, llorando,
en que el Hijo moría,
suspendido.

Con el alma dolida y suspirando,
sumida en la tristeza,
que traspasa el acero
de una espada.

Qué afligida y qué triste se encontraba,
de pie aquella bendita
Madre del Hijo único
de Dios.

Cuánto se dolía y padecía
esa piadosa Madre,
contemplando las penas
de su Hijo.

¿A qué hombre no va a hacer llorar,
el mirar a la Madre de Cristo
en un suplicio tan tremendo?

¿Quién es el que podrá no entristecerse
de contemplar tan sólo a esta Madre
que sufre con su Hijo?

Ella vio a Jesús en los tormentos,
sometido al flagelo,
por cargar los pecados
de su pueblo.

Y vio cómo muriendo abandonado,
aquél, su dulce Hijo,
entregaba su espíritu
a los hombres.

Madre, fuente de amor,
que yo sienta tu dolor,
para que llore contigo.

Que arda mi corazón
en el amor de Cristo, mi Dios,
para que pueda agradarle.

Madre santa,
imprime fuertemente en mi corazón
las llagas de Jesús crucificado.

Que yo pueda compartir
las penas de tu Hijo,
que tanto padeció por mí.

Que pueda llorar contigo,
condoliéndome de Cristo
todo el tiempo de mi vida.

Quiero estar a tu lado
y asociarme a ti en el llanto,
junto a la cruz de tu Hijo.

Virgen, la más santa de las vírgenes,
no seas dura conmigo:
que siempre llore contigo.

Que pueda morir con Cristo
y participar de su pasión,
reviviendo sus dolores.

Hiéreme con sus heridas,
embriágame con la sangre
por él derramada en la cruz.

Para que no arda eternamente
defiéndeme, Virgen,
en el día del Juicio.

Jesús, en la hora final,
concédeme, por tu madre,
la palma de la victoria.

Cuando llegue mi muerte, yo te pido,
oh Cristo, por tu madre,
alcanzar la victoria eterna.

ALELUIA

Aleluia.
Dichosa es santa María Virgen,
porque sin morir mereció la palma del martirio
junto a la cruz del Señor.
Aleluia.

EVANGELIO

Cuánto se dolía y padecía esa piadosa Madre,
contemplando las penas de su Hijo

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan     19, 25-27

Junto a la cruz de Jesús, estaba su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena.
Al ver a la madre y cerca de ella al discípulo a quien él amaba, Jesús le dijo: «Mujer, aquí tienes a tu hijo.» Luego dijo al discípulo: «Aquí tienes a tu madre.» Y desde aquel momento, el discípulo la recibió en su casa.

Palabra del Señor.

O bien:

A ti misma una espada te atravesará el corazón

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas     2, 33-35

El padre y la madre de Jesús estaban admirados por lo que oían decir de él.
Simeón, después de bendecirlos, dijo a María, la madre: «Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción, y a ti misma una espada te atravesará el corazón. Así se manifestarán claramente los pensamientos íntimos de muchos.»

Palabra del Señor.

PAPA FRANCISCO

MISAS MATUTINAS EN LA CAPILLA
DE LA DOMUS SANCTAE MARTHAE

Dio a luz la Iglesia

Viernes 15 de septiembre de 2017

 

Fuente:  www.osservatoreromano.va

 

María bajo la cruz de Jesús es un icono para «contemplar»: no son necesarias muchas palabras para reconocer la esencial del testimonio de «una mujer» que es «madre de todos nosotros». Lo afirmó el Papa celebrando el viernes por la mañana 15 de septiembre, memoria de la Beata Virgen María de los Dolores, la misa en la capilla de la Casa Santa Marta.

«Este pasaje del Evangelio es más para contemplar que para reflexionar» confió Francisco refiriéndose al pasaje de Juan (19, 25-27), propuesto en la liturgia del día, que presenta a María bajo la cruz de Jesús. Sí, explicó, «contemplar a la madre de Jesús, contemplar este signo de contradicción, porque Jesús es el vencedor pero en la cruz». Y esta, añadió, «es una contradicción, no se entiende: es necesaria la fe para entender» o «al menos para acercarse a este misterio». Y la madre de Dios «sabía», afirmó el Papa, «porque toda la vida vivió con el alma atravesada, lo dijo Simeón». Y «seguía Jesús y escucha las palabras que la gente decía: “¡qué grande!” — “¡Pero esto no es de Dios!”— “¡Este no, no es un verdadero creyente!”». María «escuchaba todo: todas las palabras a favor y en contra» de Jesús.

Por otro lado, María, hizo presente Francisco, estaba «siempre detrás de su Hijo: por esto decimos que es la primera discípula». Y «siempre con la inquietud que hacía nacer en su corazón este signo de contradicción». Siempre, insistió el Pontífice, hasta «el final está allí, de pie, mirando al Hijo». Y «quizá, ella escuchó los comentarios: “Mira, esa es la madre de uno de los tres delincuentes”». Pero se quedó «callada: es la madre, no renegó del Hijo, dio la cara por el Hijo».

«Esto que yo digo ahora —confió el Papa— son pequeñas palabras para ayudar a contemplar, en silencio, este misterio: en ese momento, ella nos dio a luz a todos nosotros, dio a luz a la Iglesia». Y repitiendo las palabras del Evangelio de Juan, el Pontífice hizo notar que Jesús llama a su madre «mujer» y le dice «ahí tienes a tus hijos». Sí, Jesús «no dice “madre”, dice “mujer”». Y María es una «mujer fuerte, valiente: una mujer que estaba allí para decir “este es mi Hijo: no lo reniego”».

En conclusión Francisco invitó «solamente, en silencio, a contemplar, a mirar: que sea el Espíritu Santo —deseó— a decir a cada uno de nosotros lo que necesitamos».

https://www.vatican.va/content/francesco/es/cotidie/2017/documents/papa-francesco-cotidie_20170915_dio-luz-iglesia.html